domingo, 6 de noviembre de 2016

Nadie te pide (permiso)...

Nadie te pide (permiso).
Ella se mira al espejo, cada día menos... cada día peor. Se mira a un espejo que le grita rompiendo su vidrio cual garganta... le grita que es fea, que no vale una mierda, que así nadie va a quererla, que no se mueva, que no respire, que meta panza, que se arruga si se ríe, que sus tetas son demasiado pequeñas o demasiado grandes, que sus rollos, que su piel, que su pelo... que todo, que ella.
La piba tiene un corazón enorme, y atrás de su corazón corren pibes y hacen fila para verla sonreír... pero ella no está atenta, no lo advierte porque ya le han quemado mucho la cabeza. Y se mira, y se odia, y llora, y maldice, y mete panza, y se procura seria, y se admira tan mostruo... que antes de salir... lagrimea un poco y termina por acostarse.
Le escribe Fran, que quiere verla, ver sus ojos y acariciar sus piernas... que extraña su risa, que la extraña entera. Ella pone una sonrisa entre sus lágrimas y se anima... y se vuelve a levantar y pone la tele... y algún "prestigioso" comunicador se está riendo de la modelo esta que aumentó diez kilos, él y su panel se ríen y se agarran la cabeza. Pero no importa, Fran escribió.
Sale al centro, Fran no es cualquier pibe entonces quiere estrenar una remerita... llega al local, elige una, la vendedora la mira y le dice que por qué no mejor aquella... que es más suelta, más oscura y que podría "simular" así ser un poco más esbelta. Sale del local sin comprar nada, lágrima por medio cruza una calle medio despistada y un conductor le grita: "Dale gorda, mové el orto". Nada... sólo un detalle. Sigue su paso y entre cada pestañear húmedo un cartel con un cuerpo tallado, un ofrecimiento de corpiños armados, maniquíes de tamaños cuasi físicamente imposibles de adquirir... se da por vencida, vuelve a su casa. El rimmel corrido y con tan sólo dos horitas de centro siente que aumentó siete kilos más. Se sienta en la cama, se debate sola y todavía llora. Ya no puede cancelarle a Fran aunque teme por las gastadas de sus amigos... "come gorda" escuchó en algún susurro alguna vez.
Fran la busca y salen a cenar, los besos se van de sus manos y deciden ir a otro lugar. Se encuentra en una habitación rodeada de espejos y luces que parecieran haber sido diseñadas para resaltar sus celulitis. A todo esto a Fran le chupa todo un huevo... las luces, los espejos, las celulitis y cuánta otra mierda más en la que ella piensa y que él está muy lejos de imaginar. Comienzan los besos y entre cada uno un "dejame la remera", "apagá la luz", "no me toques la panza", etc, etc, etc. Definitivamente bien no la pasa. Vuelve a su casa, se acuesta y al otro día todo vuelve a empezar... el espejo, las propagandas, los maniquies, las vendedoras y mucho más. Así lleva su vida, así llevan su vida, así les lastiman la vida, así les enferman la vida y así les quitan su vida.
Eso, a mí no me vengas con un "nadie te pide" porque siento que te me estás cagando de risa en la cara. Porque no, porque nadie nos pide permiso para llenarnos la cabeza de mierda... porque te lo atornillan desde que nacés, hasta que te morís, hasta que te matás o hasta que te matan.
Autora: Maru Leone.


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